"En un mundo lleno de odio debemos atrevernos a la esperanza. En un mundo lleno de ira debemos atrevernos a confortar. En un mundo lleno de desesperación aún tenemos que atrevernos a Soñar. Y en un mundo lleno de desconfianza debemos atrevernos a creer..."

jueves, 22 de septiembre de 2011

Aficiones


Se acercó lentamente por detrás. El cuchillo refulgía en la oscuridad de la calle cuando la luz de las farolas danzaba por su filo. Le encantaba imaginarse cómo eran sus víctimas mientras se acercaba para matarlas. La silueta de la chica se iba agrandando a medida que sus pasos, con el silencio y la precisión de los felinos, le iban conduciendo hacia ella. Y ella no parecía darse cuenta, estaba demasiado ocupada con algo entre sus manos como para advertir del peligro inminente. Era delgada y tenía el pelo largo pero recogido en una coleta. No podía distinguir si era blanca o negra, pero poco importaba aquel nimio detalle. Se preguntó de qué color serían sus ojos, cómo se llamaría…

Tal vez mañana tuviera algo increíble que hacer. Tal vez habría quedado con alguna amiga. Puede que ahora mismo estuviera pensando en su novio, o en su gato, que le estaría esperando en casa. Quizás aquella chica tendría un futuro brillante y su cuchillo la alejaría de él para siempre. Puede que fuera amada por sus padres de una forma sobrehumana.

O tal vez fuera una simple chica desgraciada que, a estas horas de la madrugada, no tenía otra cosa mejor que hacer que exponer su vida en aquella apestosa calle al primero que pasara por allí.

No iba a pararse a averiguarlo se dijo al llegar a su altura y aspirar su aroma. Hoy la muerte olería a vainilla…

“Tápale la boca y arrebátale esa vida de mierda que tiene.”

El grito no se oyó y el cuchillo paseó a su antojo por su muda garganta, permitiendo que la sangre escapara de su prisión enloquecida. El cuerpo cayó. Calló.
Se miró el dedo teñido de su propia sangre.

La muy puta le había mordido antes de morir.

Cristina Carrión Rodríguez
Escrito el día 9 de Julio del 2011

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